Cuando Jesús se entera de la muerte de Juan el Bautista, decide embarcarse él solo y retirarse a lejos. Sintió un profundo dolor por aquella muerte injusta. Sin embargo, el Evangelio nos narra que la gente salió de los pueblos y se fueron a pie por la orilla para esperarlo cuando Él llegara. El texto nos sigue narrando que Jesús sintió misericordia por todas aquellas personas y las acogió, curó y atendió, porque Él no quiere que nadie pase necesidad. Al llegar la tarde, sus discípulos querían que despidiera a la gente para que fueran a buscar alimento. A esto Jesús responde: “No tienen por qué irse; denles ustedes de comer” (Mateo 14:16). A raíz de esta pregunta surge el milagro de la multiplicación de los panes.
“Vivir la comunión con Cristo es algo muy distinto de permanecer pasivos y ajenos a la vida cotidiana; por el contrario, nos introduce cada vez más en la relación con los hombres y mujeres de nuestro tiempo, para ofrecerles un signo concreto de la misericordia y de la atención de Cristo. Mientras nos nutre de Cristo, la Eucaristía que celebramos nos transforma poco a poco también a nosotros en Cuerpo de Cristo y en alimento espiritual para los hermanos. Jesús quiere llegar a todos, para llevar a todos el amor de Dios” (Papa Francisco, 17-08-2016). ¿Qué nos dice Jesús hoy, a ti y a mí? ¿Qué debemos hacer para atender las necesidades de los demás? El reto es confiar en la Palabra de Dios y poner nuestros propios panes y peces al servicio de quien lo necesite.
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