No sé si alguna vez en tu vida has tenido miedo a algo o a alguien, y te has dado cuenta de que el miedo paraliza: no te deja avanzar, incluso te ciega y no te permite ver. Muchas veces, las causas del miedo son falsas y solo sirven para amedrentar a la persona y dejarla sin esperanza. El miedo también nos quita la paz y nos impide hacer planes para el futuro. El Papa León XIV afirma que: “Cuanto más hermoso es el plan, mayor es la esperanza”, sabiendo que “el futuro está en manos de Aquel que ofrece la mayor esperanza”. El santo cardenal John Henry Newman, canonizado por el Papa Francisco en octubre de 2019, escribió lo siguiente: “A través de las tinieblas que me rodean, condúceme tú, siempre más adelante. La noche es oscura y estoy lejos del hogar: condúceme tú, siempre más adelante. Guía mis pasos; un solo paso cada vez es bastante para mí. Deseaba escoger y ver mi camino, pero ahora, condúceme tú, siempre adelante”.
El pasaje del Evangelio que nos narra lo sucedido a los discípulos en el lago, aquella noche, es muy parecido a lo que vivimos en el día a día de nuestra vida. La barca era golpeada por las olas y el viento era fuerte. En medio de todos esos acontecimientos aparece Jesús caminando sobre las aguas, y ellos, asustados, creen ver un fantasma. El miedo los paraliza y gritan aterrados. Enseguida, Jesús les dice: “Ánimo, no teman, que soy yo” (Mateo 14:27). ¡Señor, nos falta fe como a Pedro! Danos tu mano y sálvanos.
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A.