La Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio), del Santo Padre Francisco, nos habla de la alegría que llena el corazón del cristiano al escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica. “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior y del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” (Evangelii Gaudium, n. 1). Sin embargo, por el otro lado de la moneda, es decir, desde la lógica del mundo, se nos dice que la alegría es algo material, y es tener muchas cosas para alcanzar la felicidad. Pero todo eso es vano y pasajero; la verdadera alegría se encuentra en otro lugar y hay que poner empeño para buscarla.
El Evangelio de hoy nos habla de un tesoro escondido en un campo, de perlas finas y de una red lanzada al mar. Dejar todo lo que se tiene para obtener lo encontrado y luchar por conservarlo es un reto difícil. Esto se obtiene solo cuando se le encuentra sentido a lo encontrado y se reconoce que vale más que todo lo que ya se posee. ¡Qué felices somos cuando descubrimos algo que realmente vale la pena, que da sentido y dirección a nuestra vida! Entonces nos decimos: “Esto sí vale la pena”. Jesús no se cansa de invitarnos a la búsqueda de su Reino: a encontrar el tesoro de su gracia en nuestro corazón, a valorar la perla preciosa de sus sacramentos y a lanzar la red de la paz y la alegría en nuestro entorno familiar y comunitario. ¡Señor, que tu Reino sea nuestra esperanza!
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