La pregunta que Jesús hizo a sus discípulos fue: “Según el parecer de la gente, ¿quién es este Hijo del Hombre?”. La respuesta no se hizo esperar; presurosos respondieron: “unos dicen que Juan el Bautista, otros que Elías, o Jeremías, o alguno de los profetas”. Enseguida vino otra pregunta: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” (Mateo 16:13-17). Esta segunda pregunta ya es directa para los discípulos: quién es Jesús para cada uno de ellos. Pedro lo identifica con claridad: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” (Mateo 16:16). Jesús le dice que esta revelación viene del Padre que está en los cielos y no de su propia capacidad humana.
Se necesita revelación y una fe profunda para identificar a Jesucristo como nuestro Mesías y Salvador. ¿Cómo anda tu relación personal con Jesús? ¿Qué dicen tu familia, tus amigos y tu comunidad acerca de Él? El Catecismo de la Iglesia Católica, en el número 424, nos dice: “Movidos por la gracia del Espíritu Santo y atraídos por el Padre, nosotros creemos y confesamos a propósito de Jesús: ‘Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo’ (Mt 16:16). Sobre la roca de esta fe, confesada por san Pedro, Cristo ha construido su Iglesia”. Mateo, en su Evangelio, nos muestra un vínculo especial con la Iglesia, y debemos prestar atención a ello. La identidad de Jesús con la comunidad eclesial es única. Entonces, ahora vale la pregunta: ¿qué es la Iglesia para mí? ¿Veo una relación viva entre Jesús y la Iglesia? Pidamos por la Iglesia y oremos por el Papa León XIV, especialmente hoy.
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