Vivimos en tiempos donde la gratitud y la confianza en la familia y en la sociedad han perdido su valor. Muy poco se agradece y la confianza está muchas veces a prueba entre las personas. ¿Dónde están esos sentimientos de aprecio por las cosas buenas? ¿Dónde se ha quedado la confianza del uno para el otro? Reconocer estos sentimientos en las personas que nos rodean y en nosotros mismos es un verdadero reto. Hoy, la Palabra de Dios nos muestra cómo Jesús es agradecido con su Padre: “Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mantenido ocultas estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla” (Mateo 11:25). Jesús nos da muestra de la confianza que existe entre el Padre y el Hijo.
Actualmente, ¿cuáles serán las cosas sencillas que debemos perseguir? La sencillez, la confianza y la gratitud, de seguro, se encuentran en una búsqueda sincera con el mismo Hijo de Dios. La base es la relación personal que llevemos con el Señor por medio de la oración y el acercamiento sincero a los sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía. Los cristianos no debemos permitir que la tibieza y el cansancio nos alejen de la búsqueda de un encuentro íntimo con Jesucristo para aprender de sus enseñanzas. Cada día es una oportunidad para un nuevo comienzo y para seguirlo con fidelidad. Recordemos que “su yugo es suave y su carga ligera”. ¡Es la promesa al seguirlo!
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