Actualmente estamos llenos de miedo: miedo a perder el trabajo, a ser deportados, o a que nuestros hijos e hijas se queden solos en este país. Son muchos los miedos que nos aterrorizan y nos paralizan de varias formas. Contra el miedo existe la confianza en que saldremos avante de las dificultades. Pero, ¿cómo? ¿Qué hacer, cómo actuar? La única forma es prepararnos con un plan, para que no nos tome desprevenidos si llegara a suceder alguna circunstancia difícil en nuestra vida. La Palabra de Dios en la liturgia de hoy nos dice que Jesús sigue preparando a sus discípulos para afrontar las adversidades: “Pero no les tengan miedo. Nada hay oculto que no llegue a ser descubierto, ni nada secreto que no llegue a saberse” (Mateo 10:26).
El miedo lo experimentamos todos, viejos y jóvenes. Por eso, Jesús prepara a sus discípulos para que estén listos, y nos prepara a nosotros para lo mismo. Decía el Papa Francisco que el miedo es uno de los peores enemigos de la vida cristiana. Todo lo que genera inseguridad en la vida es lo desconocido: lo que no vemos ni sentimos, lo que no podemos controlar. Pongámonos del lado de Dios y tengamos confianza. En nuestra oración digamos, como sus apóstoles: “Señor, auméntanos la fe” (Lucas 17:5). Confiar en Dios es un proceso de toda la vida, pero Él no defrauda y calma toda tempestad, por muy dura que sea. ¡Gracias Señor, por estar siempre conmigo!
©LPi
Notas de Misa
General
Introducción de Misa
Oración Universal
A.