Señor Jesús, haz que comprendamos las Escrituras y enciende nuestro corazón mientras las escuchamos cada domingo en la Eucaristía. Es tu Palabra viva y eficaz la que enciende nuestro corazón, como a los discípulos de Emaús. ¡Qué alegría tan grande tener a Jesús Eucaristía entre nosotros como alimento vivo para el camino! Jesús se acerca discretamente en nuestra vida de cada día; se une a nosotros, nos consuela y nos anima a seguir adelante. No les dijiste al principio quién eras, sino que les explicaste las Escrituras para que ellos mismos te reconocieran. Aunque fue tarde, lo hicieron: te invitaron a su casa, y allí surgió el milagro de reconocerte.
¿Dónde reconoces tú a Jesús en tu vida? ¿En qué etapa de tu historia se ha unido a ti?
Ayúdanos, Jesús, a sentir tu presencia en nuestra vida; que no pases desapercibido, a pesar del ruido y la monotonía del día a día. “Quédate con nosotros, ya está cayendo la tarde y se termina el día. Entró, pues, para quedarse con ellos” (Lucas 24:29). Así de importante es el camino de Emaús, que escuchamos cada tercer Domingo de Pascua. Jesús explica las Escrituras por el camino, no en una sinagoga; se le invita a quedarse en casa porque el día se acaba, y lo más hermoso: parte el pan para todos nosotros. No hay mejor manera de continuar celebrando la Pascua que invitar a Jesús Resucitado a casa, para platicar con Él, contarle lo que nos pasa, las alegrías y las tristezas, por medio de la oración. Para que Él renueve nuestra esperanza y nuestra fe. ¡Feliz Pascua! ©LPi
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