Hoy la Liturgia nos anima a la corrección fraterna; es decir, nos alienta a corregir a las personas que obran mal. Este consejo parece ir contra la corriente actual de la sociedad, donde se cree que todo está permitido. Los padres tienen miedo de reprender a sus hijos y los maestros temen corregir a sus estudiantes, pues muchas veces responden con agresividad. El capítulo 18 del Evangelio de Mateo nos enseña cómo afrontar situaciones difíciles en la vida familiar y comunitaria. Siempre habrá conflictos; el reto está en cómo los afrontamos. Recordemos que somos responsables de quienes viven con nosotros y que, por derecho, deben ser felices.
Los pasos para corregir, de acuerdo con Jesús, son los siguientes: “Si tu hermano ha pecado, ve y háblale a solas para corregirlo. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano”. El segundo paso es este: “Si no te escucha, toma contigo a una o dos personas más, de modo que el caso se decida por la palabra de dos o tres testigos. Si se niega a escucharlos, informa a la asamblea” (Mateo 18:15-16). Luego vienen las palabras alentadoras de Jesús, que ayudan a suavizar las situaciones: “Pues donde están dos o tres reunidos en mi Nombre, allí estoy yo, en medio de ellos” (Mateo 18:20). Se necesita saber dialogar entre las personas, escuchar incluso cuando no se está de acuerdo, y tener mucha paciencia para lograr un crecimiento integral de cada persona.
¡Señor, ayúdanos a ser responsables unos de otros y a buscar siempre la justicia y el bien común!
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