Creo que en algún momento de nuestra vida hemos sido traicionados y también hemos traicionado. Por lo tanto, todos hemos luchado por perdonar y por ser perdonados. La Palabra de Dios, este domingo, nos invita a experimentar el amor misericordioso de Dios por medio del perdón. Para habitar en su Reino no debemos guardar rencor alguno; por el contrario, el corazón debe estar abierto al perdón. El Papa León XIV, en sus catequesis sobre el perdón, nos dice lo siguiente: “Ha comprendido que la libertad del otro, incluso cuando se extravía en el mal, todavía puede alcanzarse con la luz de un gesto manso. Porque sabe que el verdadero perdón no espera el arrepentimiento, sino que se ofrece primero, como un don gratuito, incluso antes de ser acogido”. Así, de esta manera, se manifiesta el amor de Dios a cada persona.
“Comprender la misericordia de Dios es un misterio; pero el misterio más grande y más bello es el corazón de Dios. Si quieres ir directo al corazón de Dios, toma el camino de la misericordia y déjate tratar con misericordia” (Papa Francisco, 21-09-2018). Esto significa que el perdón del cristiano debe asemejarse al perdón que Dios nos concede. ¿A quién debo perdonar? ¿De qué debo ser perdonado en mi familia? Señor, sana mis heridas; son muchas y a veces amargan mi alma, pero con tu ayuda sanarán, y así podré ofrecer a otros el mismo perdón.
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A.