Estén listos y preparados: es el mensaje de este domingo, porque no se sabe ni el día ni la hora en que llega el Señor. Mostrar sabiduría y prudencia significa madurez en la vida. La parábola de las diez jóvenes, narrada por Jesús, demuestra ambas dimensiones: la humana y la divina. “Las descuidadas tomaron sus lámparas como estaban, sin llevar más aceite consigo. Las precavidas, en cambio, junto con las lámparas, llevaron sus botellas de aceite. Como el novio se demoraba en llegar, se adormecieron todas y, al fin, se quedaron dormidas” (Mateo 25:3-5). Esto significa que, estemos atentos, dormidos o despiertos, Dios colabora en nuestros proyectos.
No podemos detener el tiempo; lo mejor es estar listos, llevando un comportamiento adecuado, alimentando nuestra propia lámpara con la fe y la sensatez, acudiendo a los sacramentos, sobre todo a la Reconciliación y la Eucaristía. Dios provee la sabiduría si buscamos con ahínco alimentarnos de ella. “Sale al encuentro de los que la quieren conocer; el que por ella se levantó temprano casi no tendrá que esforzarse: la hallará sentada a su puerta” (Sabiduría 6:13-15). ¿De qué está llena la lámpara de mi vida? ¿Qué tipo de aceite tiene? ¿Mis actos y comportamiento están de acuerdo con el Evangelio? Todo se trata de ver cómo va mi intimidad con Dios, de ver cómo ando en el sentido de la caridad y la justicia con los demás. “Al atardecer de la vida, seremos examinados en el amor” (San Juan de la Cruz).
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