Durante la Cuaresma se tiene la oportunidad de un encuentro más profundo con Dios por medio de los Sacramentos, especialmente el de la Reconciliación. Las parroquias ofrecen diferentes servicios de reconciliación y en diversos horarios, para que toda persona pueda acercarse y reconciliarse. Hoy, en este tercer domingo de Cuaresma, se nos presenta la sed como fuente de vida. El diálogo entre Jesús y la samaritana nos lo demuestra: “Si conocieras el don de Dios, si supieras quién es el que te pide de beber, tú misma le pedirías agua viva y él te la daría” (Juan 4:10). El comportamiento de Jesús al pedir agua a una mujer no era bien visto y contradecía las costumbres de su tiempo. Sin embargo, ese diálogo entre ambos no tiene nada de desperdicio: fue un diálogo perfecto, al grado que la mujer samaritana se convierte en misionera.
Este personaje, la mujer samaritana, no tiene nombre. De tal manera que yo puedo poner el mío y entablar mi propia conversación con el Señor en la oración. ¿A qué pozo voy por agua? ¿Dónde está Jesús, cansado y sediento? ¿Qué me pide que haga? ¿Dónde debo anunciarlo? Señor, como a la samaritana, hazme testigo de tu Evangelio. Para lograrlo, recordemos que el Espíritu Santo, desde nuestro Bautismo, ha sido derramado en nosotros como fuente de agua viva. No hay excusa para no participar como discípulos misioneros en nuestras parroquias, en la familia y en la sociedad. ¡Señor, dame de esa agua, y así ya no sufriré más sed! ©LPi
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A.