Todos dependemos de los regalos que Dios nos da, y uno de ellos es el banquete que nos tiene preparado. Solo necesitamos el vestido de fiesta. Sin este, no somos dignos de entrar al banquete y disfrutar de su elegancia y distinción. ¿Dónde se encuentra ese vestido? ¿En qué tienda lo podemos comprar? Ese traje tan especial solo lo podemos encontrar en el Evangelio, diseñado con las enseñanzas de Jesús. Su corte y confección incluyen responsabilidad, justicia, bondad y paz; y, por supuesto, debemos portarlo con alegría en los compromisos de cada día: en la familia, con los amigos y en la comunidad parroquial y del vecindario que nos rodea.
En su tiempo, Jesús fue rechazado por los sacerdotes, escribas y fariseos, pues ellos no admitían la nueva imagen del Dios misericordioso que les mostraba el Hijo de Dios. Invitar al banquete y vestir de fiesta es para todos.“La Iglesia está llamada a ir a las encrucijadas de hoy, es decir, a las periferias geográficas y existenciales de la humanidad: esos lugares marginales, esas situaciones en las que se encuentran y viven fragmentos de humanidad sin esperanza. Se trata de no apoltronarse en las formas cómodas y habituales de evangelización y testimonio de la caridad, y de abrir las puertas de nuestro corazón y de nuestras comunidades a todos, porque el Evangelio no está reservado a unos pocos elegidos… Todos son considerados por Dios dignos de su amor. Él prepara el banquete para todos” (Papa Francisco, 10-11-2020).
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